Al fin había tomado una decisión, ya era suficiente, se había hartado del olor de la tristeza pegada a su piel día tras día, noche tras noche, no quería más lágrimas, estaba cansada de las sonrisas falsas que no le llegaban al corazón, era el momento de resurgir como el ave fénix de entre las cenizas que empañaban su vida. Estaba aterrada, pero al fin volvía a sentir algo, extraña, sin duda, por estar después de tanto tiempo a los mandos de su vida, no sabia hacia donde conducir, pero si algo había aprendido en este tiempo, era que su fuerza era mayor de la que creía, y que era demasiado joven para estar tan triste.
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